El modernismo gótico en la obra de Hodgson

I could take the messages which came continually through the eternal darkness.

The Night Land (1912)
Para el traductor al español de varias obras de Lovecraft,  Francisco Torres Oliver, quien prologaba The House on the Borderland, William Hope Hodgson es un precursor del terror cósmico que influenció innegablemente las creaciones del autor estadounidense, pues en el ensayo Supernatural Horror in Literature, Lovecraft critica y elogia varias obras de Hodgson como la anteriormente mencionada, The Ghost Pirates y The Boats of the “Glen Carrig”, pero le dedica un mayor atención a la colosal narración The Night Landobra publicada inicialmente por Eveleigh Nash, la cual, a pesar de su repetitiva, emocional y engorrosa extensión, llama la atención por su evocación de un oscuro futuro o regiones plagadas de horrores no humanos mientras se extingue tanto la humanidad como el planeta, abandonado por la luz solar ante la muerte del sol.

Pero si la obra de Lovecraft ha sido desacreditada por sus cuestionables recursos lingüísticos, esta obra de Hodgson también ha merecido desprecios, esto incluye como ya se dijo a uno de sus mayores seguidores, por el estilo que pareciera sobrecargar la trama,  podría quedar enterrado una monumental obra como esta ante una aplastante escritura de no ser porque la macabra imaginación del escritor-soldado británico es un ejemplar ejercicio de experimentación ontológica que caracterizó el modernismo inglés.

Autores como Joyce, Woolf, Forster, entre otros, rompieron los esquemas de la narrativa tradicional, la sociedad victoriana y la moral imperante a inicios del siglo XX, desatando todo el poderío de la conciencia humana y su naturaleza en las obras producto de experimentos, Hodgson hizo parte de estas innovaciones singulares, como lo retoma Kelly Hurley, en su ensayo The Modernist Abominations of William Hope Hodgson, parte del libro Gothic Modernisms, sobrepasando límites espacio-temporales para llevar a la conciencia a un macabro futuro donde yacen horrores inimaginables. 

Para The Night Land las características de la técnica antirrealista del británico le permiten explotar la imaginación hasta límites no pensados, como es trasladar la esencia de un caballero del siglo XVII hasta los parajes hostiles de un futuro sin sol ni civilización, experimentando tanto preocupaciones iniciales, como las nuevas preocupaciones para un nuevo viaje, gracias a una especie de memoria onírica, en la fortaleza piramidal, última esperanza de la humanidad. Todo esto narrado bajo la variación lingüística del que fue un habitante de la época isabelina. Por tanto, se puede entender este texto no solo estructura su trama entorno a la ontología del narrador homodiegético, Hodgson también construye un nuevo mundo valiéndose de elementos postdarwinianos, describiendo los efectos de los cambios a escala geológica que afectan el mundo dando como nuevo resultado evolutivo un ecosistema donde criaturas despojadas de la identidad humana y otras de insondable origen acechan a los últimos vestigios del endeble ser humano mientras la entropía consume el universo.

El rompimiento de los esquemas narrativos tradicionales implica también la innovación estética, los cambios lingüísticos abruptos y los experimentos de poderosa imaginación, lo que para algunos puede resultar una tediosa sobrecarga del texto, un ejemplo de esto es el monstruoso Finnegan's Wake, puede en realidad tratarse de la exploración ontológica sistematizándo la psicología del amor, la amargura y el horror en un futuro impregnado de oscuridad, que bien pueda que se le categorice en un género de la fantasía como el Dying Earth o se le tome como una aventura con linealidad gótica, y aunque no se le sume a enciclopedias dedicadas a la literatura gótica como la de Mary Ellen Snodgrassni a repertorios sobre la literatura inglesa como el de Borges y Vázquez esta obra de su autor caído en combate universalizó su obra al llevar el añejo amor mundano en una travesía espacio-temporal a un mundo oscuro devastado por fenómenos cósmicos, geológicos, biológicos y las amenazas de entidades no humanas, logrando así una armonía entre la conciencia y el entorno, mientras utiliza la experimentación modernista, la dinámica gótica y la epistemología especulativa, para construir este colosal texto de horror cósmico  pre-lovecraftiano que constata la originalidad del modernismo gótico hodgsoniano.

El cosmopolitismo gótico en la obra romántica de Radcliffe

Los origines de la literatura gótica están estrechamente emparentados con el romanticismo, asociar ambos es inevitable cuando se escruta en los inicios de los horrores clásicos, esta relación también se da con el romanticismo artístico y epistemológico como antónimo eterno de la ilustración dieciochesca; sentimentalismo primitivo contra la razón moderna, nacionalismo contra universalismo; lo subjetivo contra lo objetivo.

A pesar de esta dicótoma tan consensuada en los estudios literarios sobre el tema, el profesor Robert F. Geary (citado por contrariedad por Francisco Javier Sánchez-Verdejo Pérez) planteó en su libro The Supernatural in Gothic Fiction: Horror, Belief, and Literary Change que la novela gótica no fue necesariamente una reacción al racionalismo ilustrado. No es imposible plantearse que, aunque alcanzara su gloria durante el periodo romántico, la literatura gótica, entre castillos, bosques y misterios, podría simbolizar valores como la tolerancia y el cosmopolitismo, legados de la ilustración, como así lo encuentra el profesor Evan Gottlieb de la Oregon State University e investigador parte del centro de investigación Center for the Humanities. Para él escritores como Ann Radcliffe reflejaban un temprano e importante pensamiento cosmopolita en sus obras literarias, ciertos elementos narrativos son ejemplo de esto, según el boletín del Center for the Humanities para el otoño del 2009:

“Yet Radcliffe herself consistently encourages readers to identify primarily with her bourgeois, tolerant, cosmopolitan heroes and heroines, rather than with their feudal counterparts, the aristocratic villains and earthy peasants who tend to be tied more closely to a particular region or estate.”
Mientras se interpreta solo la literatura gótica durante el periodo del romanticismo, desde una posición postcolonialista, como una muestra del imperialismo británico ascendente entre el siglo XVIII y XIX, para Gottlieb, a diferencia de esta visión, el progreso, el racionalismo y el universalismo son visibles en autores como Radcliffe, que antes de la decisiva batalla de Waterloo, y la oposición británica a las ideales franceses esparcidos junto a la expansión bélica, ayudaron a los lectores británicos a pensarse como ciudadanos no solo de esa isla-imperio sino también como ciudadanos del mundo, acercándose a una visión internacionalista de la ilustración, más cerca de lo que hoy tenemos por globalización. A esto se le suma el factor que Todorov considera un obstáculo para delimitar el ideario de la Ilustración, en su ensayo El espíritu de la Ilustración:

(...) el pensamiento de la ilustración es fruto de muchos individuos que, lejos de estar de acuerdo entre sí, se enzarzan constantemente en violentas disputas tanto entre países como en cada país. (...) Los antiguos desacuerdos dieron origen a escuelas de pensamiento que todavía se enfrentan en nuestros días. La ilustración fue más un periodo de debate que de consenso.
Por lo que no se trata de una época de homogeneidad literaria, artística, filosófica y sociocultural, sino de la conciencia transfronteriza de la existencia de la otredad y el debate de una infinita variedad de ideas y temores sobre el mundo que abre camino a la entrada de valores de carácter universal como la tolerancia, la autonomía, la libertad y los derechos, por vía, en esta propuesta , de la literatura gótica como las novelas románticas de Radcliffe.

La macabra trinovela de Chimal

De la mano de la tecnología y la comunicación, el marketing literario ha crecido hasta hacerse abusivamente viral, la narrativa también se ha transformado y adaptado a los cambios actuales. Por esto la inmediatez le pide novedades a la literatura, y si bien triunfa la cantidad para el desesperado marketing, el contenido y las ingeniosas propuestas narrativas son demasiado singulares como para no ser tenidas en cuenta por el lector actual.

Por esto, ante la caprichosa inmediatez, algo que en lo que fracasó el ebook buscando satisfacer, el ingenio de la literatura plantea la brevedad, un fenomenal ejemplo de esto es la twitteratura, que en menos de doscientos caracteres logra con precisión explotar la imaginación a través de la existencia implícita del significado sin la palabra, algo que hicieron ya autores anteriores o distanciados del mundo digital (léase Borges, Monterroso, entre otros.), el mexicano Alberto Chimal es uno de estos usuarios de la narrativa twittera, quien entre trinos consolidó 83 novelas, luego editadas en ebook de libre acceso, publicaciones que resultaron efímeros universos de lo extraño, donde la concisa intertextualidad y la malsana creatividad fueron los recursos que prefirió Chimal, en lugar de aceptar la engorrosa extensión novelera que tanto vende actualmente, y se tiene como prescripción de lo que es la arquitectura elemental de la novela.

Por otra parte, Chimal no se estancó en clichés fantásticos y tenebrosos predecibles, por el contrario sus obras son planteamientos retorcidos que incluso se conectan con los de carácter lovecraftiano, aunque no logra evocar el horror cósmico mediante el diálogo textual, léase Love Craft (o: La cita 3). Otorgándole así cierto rasgo universal a la intertextualidad de su narrativa epistemológica. este  ingenio se hace ejemplar en La cita 2:

La cita 2 

En algún momento del siglo XX, el cadáver de Annabel Lee soñó que su nombre era Dorotea, que el mar era un desierto, que jamás había amado.

Atreviéndose así a desenterrar las obsesiones del maestro de lo extraño, predecesor e inspiración de Lovecraft, el raro Edgar Allan Poe y contactarlo, gracias a esta era de la hiperconectividad, con el espíritu de un subestimado coterráneo suyo -si bien por el realismo/regionalismo mágico, no por Harold Bloom- Juan Rulfo, y su creación comalteca, construyendo una trinarración mucho más aterradora y macabra que la anterior (La Cita 1) y posterior (La cita 3). Logrando, también, consciente o inconscientemente, converger en un trino con la crítica de Monterroso sobre los fantasmas de la negada literatura fantástica Rulfo.