El cosmopolitismo gótico en la obra romántica de Radcliffe

Los origines de la literatura gótica están estrechamente emparentados con el romanticismo, asociar ambos es inevitable cuando se escruta en los inicios de los horrores clásicos, esta relación también se da con el romanticismo artístico y epistemológico como antónimo eterno de la ilustración dieciochesca; sentimentalismo primitivo contra la razón moderna, nacionalismo contra universalismo; lo subjetivo contra lo objetivo. A pesar de esta dicótoma tan consensuada en los estudios literarios sobre el tema, el profesor Robert F. Geary (citado por contrariedad por Francisco Javier Sánchez-Verdejo Pérez) planteó en su libro The Supernatural in Gothic Fiction: Horror, Belief, and Literary Change que la novela gótica no fue necesariamente una reacción al racionalismo ilustrado. No es imposible plantearse que, aunque alcanzara su gloria durante el periodo romántico, la literatura gótica, entre castillos, bosques y misterios, podría simbolizar valores como la tolerancia y el cosmopolitismo, legados de la ilustración, como así lo encuentra el profesor Evan Gottlieb de la Oregon State University e investigador parte del centro de investigación Center for the Humanities. Para él escritores como Ann Radcliffe reflejaban un temprano e importante pensamiento cosmopolita en sus obras literarias, ciertos elementos narrativos son ejemplo de esto, según el boletín del Center for the Humanities para el otoño del 2009:

“Yet Radcliffe herself consistently encourages readers to identify primarily with her bourgeois, tolerant, cosmopolitan heroes and heroines, rather than with their feudal counterparts, the aristocratic villains and earthy peasants who tend to be tied more closely to a particular region or estate.”
Mientras se interpreta solo la literatura gótica durante el periodo del romanticismo, desde una posición postcolonialista, como una muestra del imperialismo británico ascendente entre el siglo XVIII y XIX, para Gottlieb, a diferencia de esta visión, el progreso, el racionalismo y el universalismo son visibles en autores como Radcliffe, que antes de la decisiva batalla de Waterloo, y la oposición británica a las ideales franceses esparcidos junto a la expansión bélica, ayudaron a los lectores británicos a pensarse como ciudadanos no solo de esa isla-imperio sino también como ciudadanos del mundo, acercándose a una visión internacionalista de la ilustración, más cerca de lo que hoy tenemos por globalización. A esto se le suma el factor que Todorov considera un obstáculo para delimitar el ideario de la Ilustración, en su ensayo El espíritu de la Ilustración:

(...) el pensamiento de la ilustración es fruto de muchos individuos que, lejos de estar de acuerdo entre sí, se enzarzan constantemente en violentas disputas tanto entre países como en cada país. (...) Los antiguos desacuerdos dieron origen a escuelas de pensamiento que todavía se enfrentan en nuestros días. La ilustración fue más un periodo de debate que de consenso.
Por lo que no se trata de una época de homogeneidad literaria, artística, filosófica y sociocultural, sino de la conciencia transfronteriza de la existencia de la otredad y el debate de una infinita variedad de ideas y temores sobre el mundo que abre camino a la entrada de valores de carácter universal como la tolerancia, la autonomía, la libertad y los derechos, por vía, en esta propuesta , de la literatura gótica como las novelas románticas de Radcliffe.

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